| |
|
| Alfonso
Gutiérrez Martín |
| EDUCACIÓN
MULTIMEDIA: NUEVOS TEXTOS, NUEVOS CONTEXTOS |
ALFONSO
GUTIÉRREZ MARTÍN
Profesor de Nuevas Tecnologías aplicadas a la Educación
Escuela de Magisterio de Segovia (Universidad de Valladolid)
En numerosas
ocasiones se ha puesto de manifiesto la inercia del mundo de la educación
a perpetuar sus sistemas y ser uno de los sectores que más lentamente
reacciona al cambio social. La educación formal se resiste, como
norma, a incorporar a su desarrollo las nuevas formas de vida, las nuevas
ideologías, las nuevas estrategias y los nuevos medios, que suelen
verse, en un principio, como amenazantes.
Podría esta resistencia inicial considerarse como la consecuencia
de una lógica cautela y una reflexión que necesariamente
ha de preceder a todo cambio educativo. Si así fuese, sería
incluso justificable el retraso de la educación con respecto a
la evolución desenfrenada de otros sectores que, aunque no son
tan decisivos en la formación de las personas, sí van a
condicionar la mayor parte de aspectos de sus vidas. Si, por el contrario,
el retraso obedece precisamente a la falta de reflexión y a la
falta de interés por adecuar los sistemas de educación formal
a los nuevos contextos, la escuela se convierte en un mundo cerrado y
endocéntrico alejado de la realidad.
Cuando la educación no se ve afectada por los cambios en la sociedad,
difícilmente podrá a su vez contribuir a transformar esa
sociedad en la que está inmersa. Es inútil cerrar los ojos
a la realidad y seguir atrincherados en un pasado donde la escuela era
la depositaria del "saber establecido" y su principal función
consistía en transmitirlo como acabado e inalterable. En la sociedad
del siglo XXI, y debido en gran parte al desarrollo de las nuevas tecnologías
multimedia, la importancia y las funciones de los distintos agentes educativos
va a verse significativamente alterada, y, por el bien de todos, tendrá
que existir entre ellos una complementariedad que redunde en beneficio
de los ciudadanos y los grupos sociales.
En este reparto de funciones está claro que no va a corresponder
tanto a la escuela la transmisión de información como su
valoración, su procesamiento, y, por lo tanto, su transformación
en conocimiento por parte de los alumnos. Para ello es imprescindible
una integración curricular de las nuevas tecnologías multimedia;
una integración que suponga el uso crítico de los nuevos
medios por parte de alumnos y profesores, tanto dentro como fuera de la
escuela, tanto para consultar como para elaborar información; una
educación que capacite al individuo para el uso crítico
y creativo de los nuevos textos en los nuevos contextos educativos y sociales,
una educación multimedia como educación para los medios
con los medios.
Nos hemos referido a la educación multimedia como aquella que permite
a los alumnos conseguir los conocimientos, destrezas y actitudes necesarios
para comunicarse (interpretar y producir mensajes) utilizando distintos
lenguajes y medios, y desarrollar al mismo tiempo una autonomía
personal y espíritu crítico, lo que les capacitará
para formar una sociedad justa e intercultural. (Gutiérrez Martín
(1997)). Esta educación multimedia supera el ámbito estrictamente
escolar, e incluye tanto la utilización de las nuevas tecnologías
como la educación para el consumo y creación responsable
de productos mediáticos
Nuevos textos
Antes de la aparición
de la imprenta a mediados del siglo XV, la tradición oral constituía
la principal fuente de información de la sociedad. La escritura
manual (en arcilla, papiro, seda, bambú, etc.) supuso un avance
en cuanto a la capacidad de registro y almacenamiento de dicha información,
pero sería la posibilidad de reproducir mecánicamente la
información, proporcionada por la prensa con tipos móviles,
lo que revolucionaría la forma de comunicarse.
Surge con el invento atribuido a Gutenberg la posibilidad de divulgación
en masa de la información en soporte escrito, con la consiguiente
superación de las limitaciones de tiempo y espacio propias de la
transmisión oral en una época donde no existía la
posibilidad de registrar el sonido. La generalización de la letra
impresa como forma de comunicación planteó a los posibles
destinatarios de los mensajes la necesidad de conocer los códigos
de la expresión escrita. Era necesario además acostumbrarse
a la nueva forma en que se organizaba y estructuraba la información,
a los nuevos textos que determinaban la estructuración del pensamiento.
Medio siglo después de la invención de la imprenta, hacia
la segunda mitad del XX, se desarrolla un dispositivo especializado en
tratar de forma automática la información: la computadora,
que vendrá a competir en popularidad con la televisión para
terminar fusionándose con ella, como podemos comprobar que está
ocurriendo a finales de este segundo milenio. El ordenador (o computadora)
personal se ha convertido en uno de los símbolos de la sociedad
de la información.
En su primeras décadas la información que gestionaban los
ordenadores era fundamentalmente alfanumérica. Hasta hace muy poco
los símbolos que las computadoras almacenaban, reproducían,
comparaban, clasificaban, etc. eran fundamentalmente textuales y numéricos.
Otros símbolos como los cromáticos, gráficos, icónicos
y sonoros, con enorme y decisiva presencia en esta segunda mitad del siglo
XX, se popularizan como forma de procesar y difundir la información
a través de medios de comunicación social como la radio
y la televisión. Los primeros mensajes icónicos, sin embargo,
se remontan a las pinturas de los hombres primitivos en los muros de sus
cavernas.
De la escritura pictográfica evolucionó lo que algunos han
considerado el primer lenguaje: el cuneiforme, primeras grafías
verbales cuyo origen, según los últimos descubrimientos
(Bretschneider (1999: 80)), está en torno al año 4.500 antes
de Cristo en la antigua Mesopotamia. Los dibujos de las palabras realizados
con rapidez se fueron convirtiendo en signos geométricos que se
grababan en tablillas de arcilla. El lenguaje cuneiforme (en forma de
cuña) no era verdaderamente alfabético, ya que las imágenes
'abstractadas' dependían de la asociación con las cosas
que representaban, pero sirvió de modelo para la escritura alfabética
de los ugarititas y antiguos persas. La idea del alfabeto, o la escritura
mediante letras que se combinan libremente, fue asumida por los griegos
en el primer milenio antes de Cristo y pasó a ser, como es bien
sabido, uno de lo pilares de nuestra cultura occidental.
La escritura gráfica jeroglífica de los egipcios, que aparece
hacia el año 3200 a. C., nos transmite mensajes a partir de figuras
y símbolos, y constituye un importante precedente de los signos
fonéticos y alfabéticos del lenguaje verbal.
Las imágenes han sido utilizadas a lo largo de la historia de la
humanidad con distintas intenciones comunicativas y como alternativa o
complemento a la letra impresa. Se cuenta que a comienzos del siglo VII,
cuando en Europa los libros aún se escribían a mano, el
Papa Gregorio decretó que 'las figuras eran los libros de los analfabetos,
y que podían extender más ampliamente el mensaje de la Biblia.
(En Buick y Jevtic (1995: 20)). Imagen y textos ya se combinaban en la
Edad Media por parte juglares y predicadores en la transmisión
pública de sus mensajes, lo que con el tiempo daría lugar
a un género que iniciaba su consolidación como tal a finales
del siglo pasado: el cómic. Se hace coincidir el nacimiento del
cómic con la aparición del primer bocadillo o globo en las
viñetas del Yellow Kid. (Personaje creado en 1895 por Richard F.
Outcault para el periódico The World, de Nueva York).
Paralelamente a esta forma de representar la realidad con la combinación
de imagen y texto, se desarrolla un modo de registrar dicha realidad en
imágenes en movimiento: el cine, cuyo paso previo había
sido la fotografía o la posibilidad de fijar una imagen directamente
de la realidad en una placa impresionable a la luz.
Como antecedente de la cámara fotográfica se cita la camera
obscura o pequeña habitación diseñada por Leonardo
Da Vinci a mediados del siglo XV que como única fuente de luz tenía
un pequeño orificio en una de las paredes. En la pared opuesta
podía verse impresionada la imagen invertida de los objetos que
hubiese en frente de la pared con el orificio por donde entraba la luz.
Parece ser que siglos antes de los experimentos de Leonardo, los astrónomos
árabes ya utilizaban el principio de la cámara oscura para
observar el sol.
De la posibilidad de registro de la imagen fija pronto se paso a experimentar
con secuencias de fotografías tomados a intervalos cada vez más
cortos. La presentación al espectador de dichas fotografías
en serie podía producir la sensación de movimiento. Sería
la aparición del cinematógrafo, aparato óptico mecánico
de Louis y Agusto Lumière, y la introducción del celuloide
por George Eastman como soporte de las imágenes, lo que permite
hablar de la invención del cine a finales del siglo XIX. Con el
cinematógrafo es posible fotografiar a un ritmo determinado (24
imágenes por segundo) y reproducir esas fotografías, realizadas
sobre celuloide transparente, al mismo ritmo. Debido al fenómeno
de la persistencia retiniana, la exposición de 24 imágenes
por segundo le da al espectador la sensación de asistir a una escena
con movimiento.
La posibilidad de registrar también el sonido con la invención
de la grabadora, y de sincronizar éste con las grabaciones de imágenes,
da lugar a la aparición de las primeras películas sonoras
en 1927. El lenguaje cinematográfico se convierte en audiovisual.
La televisión se encargaría años más tarde
de hacer del lenguaje audiovisual la forma predominante de transmitir
y recibir información en la segunda mitad del siglo XX.
Es a finales de este siglo cuando estamos asistiendo a una convergencia
de lenguajes y medios, a la aparición de un nuevo tipo de textos,
con su equivalente en la convergencia de tecnologías y empresas
de comunicación, que está modificando significativamente
los contextos sociales y económicos de la era de la información.
La forma en que se produce la información y se accede a ella ha
pasado de depender casi exclusivamente de la imprenta y el papel (la cultura
del libro) a estar más relacionadas con bases de datos electrónicas
y redes de intercambio y distribución de documentos multimedia
local y globalmente.
De la convergencia del lenguaje verbal y el audiovisual en medios interactivos
e interconectados surje lo que podríamos considerar el lenguaje
multimedia que va a dar lugar a un nuevo tipo de textos.
Las características de estos nuevos textos vienen determinadas
por:
- la integración de lenguajes,
- la interactividad de los documentos,
- la interconexión de los medios.
Aunque las limitaciones técnicas en el procesamiento del lenguaje
audiovisual a través de las redes de comunicación mantiene
todavía el lenguaje verbal como hegemónico, es previsible
esta situación se vea modificada en un futuro no muy lejano. Se
podrá entonces asignar a cada contenido el lenguaje que mejor lo
describa o represente y se irá perfilando una nueva forma de comunicar
específicamente multimedia, ya que hasta ahora la mayor parte de
los documentos que integran imagen sonido y texto son el resultado de
incorporar algunos de estos tres elementos a un documento que se concibe
fundamentalmente en uno de ellos. Así, por ejemplo, incorporamos
imágenes y sonido a un texto, con lo que lo convertimos en multimedia.
Los documentos multimedia, aun cuando hayan sido diseñados para
un procesamiento lineal, de principio a fin, suelen incorporar otras posibilidades
de navegación al permitir saltar de unas partes a otras del texto.
La incorporación de diversas alternativas de navegación
por un mismo documento lo transforma en ramificado, y la estructura arbórea
viene definida por el lugar donde se coloquen los enlaces o vínculos
que permiten saltar de un sitio a otro.
Los nuevos textos o documentos hipermedia resultantes han de ser necesariamente
fragmentados, con unidades significativas autónomas que contribuyan
a distintas alternativas de significado global. Si en la interpretación
del lenguaje verbal, de las obras pictóricas, la música,
los productos audiovisuales, etc. se ha dicho que corresponde a la audiencia
o al receptor completar el significado de la emisión o el mensaje
con su aportación interpretativa, en los nuevos documentos este
receptor se convierte además en constructor del producto final,
distinto en cada caso, al elegir unas opciones y no otras.
La propuesta del creador de documentos multimedia interactivos ha de ser
abierta y modular, y los textos siempre serán un lugar desde donde
se puede acceder a otros módulos o documentos que a su vez podrán
formar parte de diferentes propuestas. La interconexión de redes
de comunicación y la digitalización de documentos multimedia
podrían permitirnos hablar de un gran documento único en
el ciberespacio o terreno de nadie, formado por millones de textos o documentos
diseminados por ordenadores de cualquier parte del mundo que incorporan
enlaces a otros lugares.
Actualmente las consultas bibliográficas y los trabajos de investigación
nos permiten intuir este gran entramado de publicaciones que se citan
entre sí y que incluyen referencias a otros trabajos. La diferencia
en el futuro estaría en la posibilidad de acceso casi inmediato
a todas esas obras siempre que estuviesen digitalizadas y disponibles.
Nuevos contextos
Al hablar de los nuevos
textos hemos tenido que hace obligadas referencias a los nuevos contextos
donde surgen y a los que modifican. La interrelación de textos
y contextos, su mutua influencia puede apreciarse en cada uno de los desarrollos
de la comunicación humana.
Como señala Corominas (1994: 13) los impresores y encuadernadores
necesitaron crear índices, numerar las páginas, organizar
párrafos, títulos, portadas, etc., e incluso un uso de los
signos de puntuación diferente al que los copistas anteriores utilizaban
en la escritura manual. Con esta nueva forma de estructurar la información,
se está estructurando el pensamiento. Sería muy interesante
ver la influencia de los editores y tipógrafos en la manera de
pensar de las personas alfabetizadas, ya que la forma del libro impreso
(forma inflexible) en contraposición al lenguaje oral en cuanto
a la organización secuencial de las frases, la división
de los párrafos, los índices alfabéticos, las exigencias
de la ortografía, etc., han llevado a unos hábitos de pensamiento
que James Joyce, en tono burlón, denominó 'mentalidad ABCD'.
McLuhan (1962/1988) distingue tres grandes periodos en la historia de
la humanidad: una primera época anterior a la escritura, donde
la comunicación predominante se realizaba por vía oral;
una segunda época literaria, basada en la escritura y, sobre todo,
en la imprenta, y una tercera, la electrónica, marcada por inventos
como el telégrafo, la radio, la televisión y otros más
recientes. La introducción de estos medios nuevos en la sociedad
de cada época, mantiene McLuhan, ha supuesto cambios sustanciales
en el desarrollo de la cultura.
La competencia comunicativa, como parte de la alfabetización básica,
se ve también, por lo tanto, modificada. Con la aparición
de la imprenta pronto se extendió la idea de que quien no fuese
capaz de decodificar los contenidos de los libros se convertía
en analfabeto, y el que adquiriese la competencia de la lectura pasaría
a pertenecer al grupo de élite en el sistema social que la tecnología
de la imprenta, como cualquier otra de su importancia, contribuye decisivamente
a generar. En su libro 'The Bias of Communication', Innis proporciona
numerosos ejemplos históricos de cómo una nueva tecnología
'destrozó' un monopolio de conocimiento tradicional y creó
uno nuevo presidido por un grupo diferente. Postman (1992/1994: 20).
En la formación básica el lenguaje oral y la discusión
dejan de ser las formas prioritarias de adquisición del saber,
para dar paso a la lecto-escritura, sistema de comunicación dominante
en entornos académicos. Su aprendizaje se convierte en la función
prioritaria de la enseñanza formal, y, en cierto modo, es la letra
impresa la que da lugar y justifica el actual entramado de aulas, profesores,
alumnos, planes de estudio, etc. Postman (1992/1994: 21) llega incluso
a advertirnos que a la larga, la televisión podría paulatinamente
poner el punto final a las carreras de los profesores de escuela, teniendo
en cuenta que la escuela fue un invento de la imprenta y se mantendrá
o decaerá dependiendo de la importancia que tenga la palabra impresa.
Durante cuatrocientos años, los profesores han formado parte del
monopolio de conocimiento creado por la imprenta, y ahora están
presenciando la desintegración de tal monopolio.
Ya adelantábamos al principio de este artículo que la función
de los profesores y de la educación formal cambia significativamente
en la era electrónica, pero, como es evidentemente, no hasta le
punto de desaparecer por el protagonismo de otros medios como la televisión
o Internet. De hecho, también podríamos decir que el incremento
desmesurado en la cantidad de información y estímulos en
la vida de los niños hace más necesaria que nunca la intervención
de instituciones educativas que les capaciten para interpretar, seleccionar,
valorar y convertir en conocimiento dicha información.
Corresponde, además, al mundo de la cultura y la educación,
a los intelectuales, evitar que los contextos sociales y la evolución
de la humanidad estén determinados por los desarrollos tecnológicos
y sus condicionantes. Si la educación para la libertad, para la
participación, la solidaridad, para la autonomía crítica,
si la educación para los medios no cumple con sus funciones en
la nueva sociedad de la Información, se corre el peligro de que
se imponga:
- la cantidad sobre la calidad;
- la información sobre el conocimiento;
- la sensación sobre la reflexión; y
- la eficiencia sobre la justicia social.
Numerosos estudiosos de las características de esta sociedad de
la información se han referido a las características de
los nuevos contextos que están creando los desarrollos tecnológicos.
Así Ramonet (1998), por ejemplo, nos comenta cómo para los
nuevos colosos de las industrias de la información la comunicación
es ante todo una mercancía que hay que tratar de producir en grandes
cantidades, predominando la cantidad sobre la calidad.
El mundo ha producido en 30 años más informaciones que en
el transcurso de los 5.000 años precedentes...Un solo ejemplar
de la edición dominical del "New York Times" contiene
más información que la que durante toda su vida podía
adquirir una persona del siglo XVII.
En Internet, que a todas luces se vislumbra como el espacio de convergencia
de lenguajes y tecnologías, pueden observarse todas las características
antes apuntadas. Por una parte, resulta agobiante la cantidad de información
y muy difícil determinar la calidad de la misma. Por otra, llega
a confundirse el aprehender, en su sentido más limitado de coger,
adquirir información con aprender, en el sentido de elaborar conocimiento.
Branco Vidal Bustamante (1998) nos recuerda que capturar informaciones
es muy diferente de elaborar conocimiento, y que en Internet prevalece
el medio sobre el mensaje. Prevalece la tecnología sobre el pensamiento,
la cantidad sobre la calidad, la recepción pasiva sobre la interactividad
creativa.
Internet puede heredar de la televisión el sensacionalismo que
ha caracterizado a este medio en los últimos años: una televisión
que de ser considerada como un servicio público que informa, educa
y entretiene ha pasado a ser un medio centrado sobre todo en el entretenimiento
con producciones de baja calidad cuyo único objetivo es conseguir
audiencias. Trejo Delarbe (1996: 69) observa que el espacio de las redes
se ocupa con fines de entretenimiento más que de conocimiento.
Como hemos insistido, en las redes es posible aprender y conversar, disiparse
y divagar. Así, la cháchara, el ligue y el chismorreo son
más exitosos que las noticias, las bibliotecas o las discusiones
políticas o de temas formales.
Los portales de Internet que actualmente compiten por los internautas
españoles no se anuncian precisamente como lugares que den acceso
a la cultura o a que favorezcan la investigación científica
y la reflexión, sino como lugares que proporcionan diversión
y entretenimiento, satisfacen la curiosidad más morbosa y facilitan
la compra de todo tipo de productos.
Existe en Internet una tendencia dominante de prestar más atención
a los sentidos que a la razón de sus usuarios. Si lo espectacular
sigue primando pronto podremos referirnos a esta red de comunicación
como lo hiciera Postman (1985: 81) a otro popular medio: La televisión
utiliza un único y persistente lenguaje: el del entretenimiento.
(...) En otras palabras, la televisión está transformando
nuestra cultura en un gran circo para el espectáculo. Es muy posible,
por supuesto, que al final lo encontremos delicioso y que así sea
como nos guste. Exactamente lo que Aldous Huxley vaticinó hace
cincuenta años.
El peligro de que la eficiencia se imponga como valor a la justicia social
queda puesto de manifiesto por Cebrián (1998: 63) en un estudio
realizado para el Club de Roma sobre cómo cambiarán nuestras
vidas los nuevos medios de comunicación: la eficiencia es hoy considerada
como el valor más significativo del desarrollo, frente a conceptos
de solidaridad o justicia que parecen caducos. La sociedad global de la
información puede convertirse en un gigantesco altavoz de esa manera
de ver las cosas, sumando la homogeneización ideológica
('pensamiento único') a la estrictamente cultural, o puede paradójicamente
convertirse en una estructura crítica que haga despertar los espíritus
dormidos.
La posibilidad de que la sociedad global de la información se convierta
en una estructura crítica que haga despertar los espíritus
dormidos va a depender de quiénes controlan los medios y el orden
establecido, y de la posible educación multimedia que seamos capaces
de proporcionar a los ciudadanos del tercer milenio.
Es precisamente a quienes controlan el orden establecido a quienes les
interesa presentar las nuevas tecnologías de la información
y la comunicación implícitamente asociadas al progreso,
como un bien en sí mismas. El subdesarrollo de los países
pobres se explica en muchos casos como una consecuencia de la carencia
de estas nuevas tecnologías.
Como muy bien apunta Roszak (1990: 195) forma parte del folclore de la
Edad de la Información la creencia de que el ordenador, especialmente
el ordenador personal, nos traerá un renacimiento democrático.
Se cree que la máquina que pone datos en abundancia al alcance
de todo el mundo en su propio hogar está destinada a ser una fuerza
liberadora. Es curioso, sin embargo, comprobar cómo los mecanismos
de participación en las democracias occidentales no se han visto
mejorados con la incorporación de las ventajas que ofrecen las
redes de comunicación, se sigue limitando la consulta a los ciudadanos
a una vez cada cuatro años, o menos, si así lo considera
el partido que se considere como posible ganador.
Cuando las nuevas tecnologías multimedia se nos presentan como
causa del desarrollo tecnológico y la buena posición de
un país en la economía mundial, suele pasarse por alto su
posible repercusión negativa en el desarrollo social o en el avance
de la humanidad hacia un mundo mejor para todos y una mayor justicia social.
Castells (1997: 394) nos pone de manifiesto cómo el sueño
de la Ilustración, que la razón y la ciencia resolvieran
los problemas de la humanidad, está a nuestro alcance. No obstante,
- advierte el autor catalán - existe una brecha extraordinaria
entre nuestro sobredesarrollo tecnológico y nuestro subdesarrollo
social. Nuestra economía, sociedad y cultura están construidas
sobre intereses, valores, instituciones y sistemas de representación
que, en general, limitan la creatividad colectiva, confiscan la cosecha
de la tecnología de la información y desvían nuestra
energía a una confrontación autodestructiva.
Esta confrontación autodestructiva se podrá evitar educando
para un mundo donde el mestizaje y la interculturalidad se conviertan
en enriquecimiento mutuo y la tolerancia en un valor con el que superar
nuestro subdesarrollo social. Como fin último de la educación
multimedia hemos señalado (Gutiérrez Martín (1997:
13)) el formar una sociedad justa y multicultural donde convivir con las
innovaciones tecnológicas de cada época. Estaremos en la
línea de conseguirlo si dirigimos nuestros esfuerzos hacia la generalización
de una alfabetización multimedia que trascienda el simple aprendizaje,
también necesario, de la lectura y escritura de distintos lenguajes
y medios
Alfabetización
Multimedia: los nuevos textos en sus contextos
El concepto de alfabetización,
que ha estado siempre asociado al lenguaje verbal y a los procedimientos
mecánicos de codificación y descodificación de textos,
ha evolucionado sustancialmente en las últimas décadas.
Se ha superando su carácter meramente instrumental de lecto-escritura,
para plantearse sus implicaciones individuales y sociales, así
como la finalidad última de la alfabetización y su influencia
en la transformación de los modelos de sociedad.
Según definición de la UNESCO, es analfabeta funcional la
persona que no puede emprender aquellas actividades en las cuales la alfabetización
(saber leer y escribir) es necesaria para la actuación eficaz en
su grupo y comunidad.
Con la aparición de nuevos y sofisticados dispositivos para la
creación de textos multimedia, y la combinación de diversos
sistemas simbólicos, corremos el riesgo de volver a centrar nuestra
atención en el estudio de las 'formas' en detrimento del 'contenido',
no podemos caer en el error de quedarnos en el estudio de los 'medios',
sin llegar a los 'fines'.
La alfabetización multimedia necesaria para el ciudadano del tercer
milenio tendría que superar la mera destreza mecánica de
codificar y decodificar textos en diferentes lenguajes para centrase en
las implicaciones individuales y sociales de su creación, difusión,
interpretación, utilización, etc.
La alfabetización funcional consiste al menos en disponer de la
facultad para la comunicación, y, en la medida en que las formas
predominantes de comunicar se vayan modificando (históricamente
ha pasado de oral a impresa, de ésta a audiovisual, y de audiovisual
a multimedia), también habrá de hacerlo el concepto de alfabetización.
Conviene también hacer notar, sin enbargo, y así lo señala
Warschauer (1999: 8 y ss), que los desarrollos tecnológicos no
derivan por sí mismos en cambios en la noción de alfabetización,
sino que debemos considerar estos cambios en su contexto social, económico
y político. Del mismo modo que la era de la imprenta llaga a su
momento álgido sólo en el contexto de la revolución
industrial y no antes, cuando la mayor parte de la gente ni sabía
ni tenía ninguna necesidad de leer; la era de la información
aparece moldeada por una nueva revolución: la revolución
informacional que comienza a mediados de siglo. En esta etapa la productividad
y el crecimiento económico dependen cada vez más de la aplicación
de la ciencia y de la tecnología, así como de la calidad
de la información y la gestión en la producción,
distribución y el consumo.
Existen, como hemos señalado, diferencias sustanciales entre el
lenguaje verbal y el lenguaje audiovisual, y una de las más evidentes
es que al aprendizaje de este último se dedica mucho menos tiempo
y esfuerzo que a la alfabetización verbal.
Cuando todavía no se ha extendido suficientemente la alfabetización
audiovisual en los planes de estudio de la mayor parte de los países
desarrollados y en vías de desarrollo (a pesar de que la televisión
es una constante incluso en países subdesarrollados), la forma
predominante de estructurar y transmitir la información en el mundo
se está ligera pero significativamente modificando hacia lo que
antes hemos denominado el lenguaje multimedia en las nuevas redes de comunicación.
Estos cambios exigen nuevas destrezas técnicas y de interpretación
para la creación y el acceso al saber, exigen el conocimiento de
nuevos sistemas simbólicos. La integración de texto, sonido
e imagen en los documentos multimedia, junto con la interactividad, hacen
de este lenguaje algo específico que nos obliga a considerar ya
la alfabetización multimedia como una necesidad de hoy y algo imprescindible
para un mañana muy próximo.
Alfabetización
audiovisual: una oportunidad perdida
La alfabetización
multimedia a la que nos referimos comprendería una alfabetización
previa tanto verbal como audiovisual, como luego veremos. Asimismo, será
una alfabetización que no se limite a la capacidad o destreza puramente
mecánica de descodificar y codificar mensajes.
El evidente predominio de la letra impresa en los entornos educativos
prácticamente nos asegura en la mayor parte de la población
un conocimiento suficiente del lenguaje verbal como para abordar el estudio
del lenguaje multimedia. No ocurre lo mismo con el lenguaje de la imagen.
Aunque durante las últimas décadas numerosos educadores
han venido insistiendo en la importancia de los mensajes audiovisuales
y en la necesidad de incorporar su estudio a la educación formal,
no podemos considerar a la generalidad de nuestra población con
los conocimientos necesarios para entender cómo las imágenes
y los sonidos crean significados, y, menos aún, con la capacidad
de reflexionar sobre tales signos.
El abandono que la alfabetización audiovisual ha sufrido en la
educación básica viene probablemente determinado, por una
parte, por la inercia y lentitud de reacción de los sistemas educativos
a los cambios en la sociedad, y, por otra, a la 'naturalidad' de las representaciones
audiovisuales, a su gran grado de iconicidad o similitud con lo representado.
Es obvio que la abstracción del lenguaje verbal exige un aprendizaje
sistemático de sus códigos convencionales. Nadie podrá
establecer una relación entre la palabra house y la realidad 'casa'
si no conoce mínimamente la lengua inglesa, de igual modo que no
necesitamos un aprendizaje sistemático para asociar esta realidad
'casa' a la imagen de una casa. De hecho en representaciones como la fotografía
o la imagen en movimiento llega a confundirse la imagen con la realidad
en el sentido de considerar aquella como fiel e incuestionable reflejo
de la realidad representada.
Mientras que para conocer el significado de los textos verbales es necesario
el conocimiento de determinados códigos lingüísticos,
el significado de los textos visuales y audiovisuales parece tan obvio
que ni siquiera somos conscientes de que hay una codificación,
una construcción del mensaje de acuerdo a una serie de reglas que,
tal vez inconscientemente, hemos ido aprendiendo en nuestro contacto diario
con el lenguaje audiovisual.
No es este lugar de extendernos sobre los objetivos o contenidos mínimos
de la alfabetización o educación audiovisual , pero sí
consideramos conveniente analizarlos brevemente para poner de manifiesto
el desplazamiento progresivo que se ha producido desde la atención
prestada a los lenguajes hacia la atención que se presta a los
mismos medios.
La creciente complejidad de las tecnologías implicadas en los medios
de producción y difusión de la información reclama
la atención de los estudiosos de las nuevas formas de comunicar.
La importancia que adquieren los medios con respecto a los mensajes, que
daría lugar al famoso aforismo de McLuhan el medio es el mensaje,
se pondrá especialmente de manifiesto con las Nuevas Tecnologías
Multimedia
A las expresiones lectura de imágenes o alfabetización visual,
equiparables a la lecto-escritura y la alfabetización tradicional,
pronto les suceden otras como educación para los medios, enseñanza
de los medios, o alfabetización mediática, alfabetización
informática, etc. que se centran más en el conocimiento
de los propios medios o dispositivos, llegando a veces (sobre todo en
el caso de la informática) a olvidarse de los mensajes. Es el caso
de Trilla (1993: 167), por ejemplo, que considera el fin principal de
la alfabetización informática el proporcionar unos conocimientos
básicos generales que permitan comprender el funcionamiento del
ordenador y la utilización de éste como usuario.
Sin llegar a estos extremos, pero ante la necesidad de considerar el medio
también como mensaje, la educación audiovisual, educación
para los medios, educación en materia de comunicación, etc.,
incluyen entre sus contenidos básicos el análisis de las
empresas mediáticas, el funcionamiento de los dispositivos de creación
de documentos, etc.
Asumiendo el riesgo que supone una excesiva simplificación, ofrecemos
al lector un resumen de los conceptos clave de la alfabetización
mediática y educación para los medios:
* Los documentos que nos ofrecen los medios de comunicación no
son mero reflejo de la realidad que representan, no son ventanas al mundo,
no son trozos de realidad plasmados en un soporte; son construcciones,
formas de representar una realidad. Una fotografía de una casa
es una forma de representar la realidad 'casa' como lo sería un
dibujo, un ideograma, o las palabras 'house', 'maison' o 'casa'. A pesar
de su aspecto 'natural', los productos de los medios son cuidadosas elaboraciones
que obedecen a razones técnicas, a condicionantes del propio lenguaje,
y, por supuesto, a las intenciones de sus creadores.
* Las empresas mediáticas son complicados entramados con grandes
intereses comerciales e ideológicos que aparecen reflejados en
las propias producciones y en las formas de distribución.
* Los medios de comunicación actúan como agentes educadores
de la audiencia, transmiten una ideología y contribuyen decisivamente
a crear una determinada identidad cultural o tipo de sociedad.
* Las audiencias no son entes pasivos y amorfos, sino que participan en
la negociación de los significados propuestos por los productos
mediáticos. Dos espectadores del mismo programa de televisión
procesan la información de forma diferente dependiendo de las condiciones
de recepción, de los intereses personales y conocimientos previos,
etc. Cada uno 'negocia' el significado de forma diferente.
* En una economía de mercado la cantidad de espectadores o consumidores
de un producto mediático justifica a dicho producto y se convierte
en la principal razón de su existencia. Si un programa tiene éxito
comercial, si 'vende bien' no se cuestiona su calidad o su posible influencia
negativa o positiva. Si 'no vende', tampoco, en este caso desaparece sin
más.
Aspectos básicos
de la alfabetización multimedia
Hemos visto cómo
la educación para los medios y la alfabetización audiovisual
se basan en gran parte en el análisis de las características
de los medios de comunicación de masas y de sus productos, características
que podrían ser también fácilmente aplicables a la
producción impresa. De hecho no se hacen especiales distinciones
entre medios de comunicación de masas audiovisuales y medios con
predominio de lenguaje verbal escrito como la prensa. Sin embargo este
tipo de aspectos, relacionados más con los sistemas de producción
que con el lenguaje empleado, nunca se han considerado como aspectos clave
de la alfabetización verbal que hubieran de ser desarrollados en
las escuelas.
En la educación formal la alfabetización se ha tomando en
su sentido más restrictivo: como la capacitación de la persona
para leer y escribir, para aplicar una serie de técnicas para codificar
o descodificar cualquier texto escrito. La escasa complejidad de uso de
los soportes de los textos y de las herramientas de escritura hace innecesaria
una formación específica sobre estos dispositivos. No es
el caso de la alfabetización multimedia, donde los dispositivos
y su funcionamiento reclaman tal vez más protagonismo del que merecen.
En nuestras manos como educadores está el prestar atención
a los medios sin olvidar los fines, el ser conscientes de los nuevos requisitos
de la alfabetización.
La alfabetización multimedia, no se añade a la alfabetización
verbal o a la audiovisual, sino que las integra. Tampoco la alfabetización
multimedia es la suma de las dos anteriores, sino que en ella se desarrollan
destrezas específicas derivadas, por una parte, de la interactividad
y la estructura arbórea de los documentos que no se dan el lenguaje
audiovisual ni el verbal, fundamentalmente lineales. Por otra parte la
complejidad de los nuevos instrumentos hace que el usuario medio alfabetizado
necesite conocer unos mínimos sobre las tecnologías audiovisuales,
informáticas y telemáticas
Los conocimientos sobre los instrumentos y los mensajes se modificarán
en cada época al igual que el tipo de medios y de documentos, pero
siempre se enmarcará en una visión más amplia y global
de la presencia de las nuevas tecnologías multimedia y sus repercusiones
en nuestras vidas y en el desarrollo de la humanidad.
Coincidimos con Luke (1997) en que los requisitos de la alfabetización
han cambiado y seguirán cambiando a medida que se van incorporando
nuevas tecnologías a nuestra vida diaria, y si los educadores no
toman la iniciativa para desarrollar una metodología adecuada de
incorporación de estos nuevos medios electrónicos y formas
de comunicar a la educación, serán los expertos en informática
y diseñadores de software quienes decidan cómo aprenderá
la gente, qué aprenderán y qué constituye la alfabetización.
Según esta autora los principios básicos de la alfabetización
crítica son tan aplicables a la comunicación por ordenador
y al hipertexto como los son a los textos impresos y los de los medios
de comunicación. Luke (ibídem) señala tres aspectos
básicos inherentes a una definición de alfabetación
crítica:
En primer lugar supone un meta-conocimiento de diversos sistemas de significados
y los contextos socio-culturales en los que esos sistemas de significados
han sido producidos e incorporados a la vida diaria. El meta-conocimiento
significaría comprender cómo los saberes, las ideas y los
fragmentos de información se estructuran en diferentes géneros
y medios, y cómo estas estructuras influyen en la recepción
y los usos que se hacen de la información.
En segundo lugar la alfabetización crítica supone el dominio
de las destrezas técnicas y analíticas con las que poner
en práctica los diversos modos de crear significados en diferentes
contextos.
Por último supone la capacidad de entender las conexiones entre
estos sistemas y destrezas con las relaciones de poder y los intereses
de las instituciones sociales. Entender cómo y por qué los
grupos sociales tienen un desigual acceso a la alfabetización (y
al conocimiento), y cómo éste favorece a unos grupos y perjudica
a otros.
Dentro de la alfabetización multimedia funcional incluiríamos,
por ejemplo, la capacidad de analizar situaciones como la que pone de
manifiesto el informe El estado mundial de la infancia, presentado por
la UNESCO en 1999, según el cual 130 millones de niños en
nuestro mundo no están escolarizados, y la cifra de los analfabetos
supone uno de cada siete habitantes del planeta.
El estudio de las Nuevas Tecnología Multimedia supondrá
también el tomar conciencia de las repercusiones de las nuevas
tecnologías en el orden social, la globalización de la información
y la democratización del Ciberespacio, todos ellos contenidos que
debemos incluir en un educación multimedia que permita a nuestros
alumnos ser ciudadanos libres, responsables, críticos y creativos
en la Sociedad de la Información.
BIBLIOGRAFÍA CITADA:
APARICI, Roberto (Coord.)
(1996): La Revolución de los Medios Audiovisuales. Educación
y Nuevas Tecnologías. 2ª edición. Ediciones de la Torre.
Madrid.
BRANCO VIDAL BUSTAMANTE,
Silvia (1998): Internet y medios tecnológicos: el ser humano en
busca del mensaje. Revista Diálogos de la Comunicación.
Agosto, 1998.
BRETSCHNEIDER, Joachim
(1999): El secreto de Nabada. En la revista Investigación y Ciencia.(Edición
española de Scientific American. Agosto, 1999.
BUICK, Joanna y JEVTIC,
Zoran (1995): Ciberespacio para principiantes. Era Naciente SRL. Buenos
Aires. Argentina.
CASTELLS, Manuel (1997):
La era de la Información. Volumen III: Fin de Milenio. Alianza
Editorial. Madrid.
CEBRIÁN, Juan
Luis (1998): La Red. Cómo cambiarán nuestras vidas los nuevos
medios de comunicación. Taurus.
COROMINAS, Agustí
(1994): La Comunicación Audiovisual y su integración en
el currículum. GRAÓ editorial. Ice. Barcelona.
LUKE, Carmen (1997):
Technological Literacy. En:
http://www.gseis.ucla.edu/courses/ed253a/Luke/TECHLIT.html
McLUHAN, Marshall
(1988): La galaxia Gutenberg. Biblioteca Universal del Círculo
de Lectores.
POSTMAN, Neil (1985)
Amusing Ourselves to Death. Public Discourse in the Age of Show Business.
Methuen.
POSTMAN, Neil (1994):
Tecnópolis. La rendición de la cultura a la tecnología.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona.
RAMONET, Ignacio (1998):
La tiranía de la comunicación. Temas de Debate.
ROSZAK, Theodore (1990):
El culto a la información. El folclore de los ordenadores y el
verdadero arte de pensar. Grijalbo. México, D.F.
TREJO DELARBE, Raúl
(1996): La nueva alfombra mágica. Usos y mitos de Internet, la
red de redes. Fundesco. Madrid. 1996.
TRILLA, Jaume (1993):
La educación fuera de la escuela. Ámbitos no formales y
educación social. Ariel.
TYNER, Kathleen (1998):
Literacy in a digital world. Teaching and learning in the age of information.
LEA. Mahwah. New Jersey / London.
WARSCHAUER, Mark (1999):
Electronic Literacies. Language, Culture, and Power in Online Education.
LEA. Mahwah, New Jersey; London.
VV.AA. (1989): Media
Literacy. Resource Guide. Ministry of Education. Queen's Printer. Ontario.
|